Julian Assange merece una Medalla de la Libertad, no una imputación secreta

En lugar de una acusación federal, Assange merece una versión modificada de uno de los honores más importantes de Washington: una Medalla de la Libertad (Medal of Freedom) con un silbato de vapor (steam whistle).

(Op) El fundador de Wikileaks, Julian Assange, ha sido acusado en secreto por el Departamento de Justicia de la administración Trump, “una drástica escalada” de los esfuerzos de los federales en su contra, reportó el New York Times. El Secretario de Estado, Mike Pompeo, ha denunciado a Wikileaks como un servicio de inteligencia hostil no estatal” y ha calificado a Assange de “fraude”, “cobarde” y “enemigo”. Pero en lugar de una acusación federal, Assange se merece una versión modificada de uno de los más importantes honoríficos de Washington.

Wikileaks ha estado en la mira federal desde que publicó decenas de miles de documentos que exponen mentiras y atrocidades sobre las guerras de Afganistán e Irak, gracias a las filtraciones del cabo del ejército Bradley (ahora Chelsea) Manning. Durante la campaña presidencial de 2016, Wikileaks publicó correos electrónicos del Comité Nacional Demócrata que mostraban que su proceso de nominación estaba amañado para favorecer a Hillary Clinton. Durante el último mes de la campaña, Wikileaks reveló correos electrónicos del jefe de la campaña de Clinton, John Podesta.

Trump amaba a WikiLeaks cuando era conveniente

En el último mes de la campaña presidencial, Donald Trump declaró: Yo amo a WikiLeaks y lo mencionó más de cien veces. Sin embargo, desde que Trump asumió el cargo, sigue los protocolos de Washington y considera a los denunciantes (whistleblowers) como enemigos públicos.

La acusación de Assange es mucho más amenazante que los tweets de Trump gruñendo a CNN. La ACLU advierte que el procesamiento de Assange por las operaciones editoriales de Wikileaks sería “inconstitucional” y sienta un “precedente peligroso para los periodistas estadounidenses, que rutinariamente violan las leyes de secreto extranjero para entregar información vital para el interés público. Trevor Timm de la Fundación Libertad de Prensa declaró: “Cualquier acusación contra WikiLeaks por sus actividades editoriales representa una amenaza profunda e increíblemente peligrosa para la libertad de prensa.

Es difícil apreciar a Wikileaks sin reconocer cómo el secreto federal se ha vuelto mucho más omnipresente y peligroso desde el 11 de septiembre. Si alguien hubiera filtrado masivamente documentos del gobierno de Estados Unidos sobre Irak en enero de 2003, la campaña de guerra de la administración Bush podría haberse visto frustrada. El gobierno federal tomó casi 50 millones de decisiones para clasificar la información el año pasado. Los políticos y las agencias federales han reconocido desde hace tiempo que “lo que la gente no sabe, no dañará al gobierno”.

“La verdad saldrá a la luz” es el cuento de hadas más grande de Washington. Las tropas de Estados Unidos están ahora luchando en 14 países extranjeros: ¿nos lo contará todo el Pentágono? La Agencia de Seguridad Nacional (NSA) rastreó ilegalmente todas las llamadas telefónicas de los ciudadanos: ningún funcionario federal reveló el sistema que un juez federal castigó como un esquema de vigilancia casi orwelliano. ¿Y cuáles son las probabilidades de que los estadounidenses vean la suciedad de la colusión duradera del gobierno de Estados Unidos con el régimen saudita (a pesar de sus atrocidades en el país y en el extranjero)?

El mismo día que la imputación de Assange obtuvo titulares, Trump otorgó siete Medallas de la Libertad Presidenciales. Ninguna controversia generó los premios póstumos a Babe Ruth y Elvis Presley – a diferencia del alboroto con respecto a Miriam Adelson, esposa del súper-donante republicano Sheldon Adelson. Public Citizen, una organización liberal sin fines de lucro, señaló que el premio Adelson “es sólo la última señal de la capacidad para corromper y corroer todos los aspectos del gobierno”. El columnista del New York Times, Paul Krugman, dijo que era “ridículo” y “un insulto a la gente que recibió la medalla por un servicio genuino.

Actualizar los premios de la libertad para acabar con los encubrimientos

En realidad, las Medallas de la Libertad Presidenciales han sido explotadas rutinariamente para apuntalar el establishment político, con premios para los operadores políticos, los miembros del Congreso y los flexibles líderes extranjeros. El presidente Lyndon Johnson distribuyó Medallas de la Libertad a sus arquitectos y facilitadores de la Guerra de Vietnam, quizás como premio de consolación por haber perdido la guerra. (La medalla otorgada al Secretario de Defensa Robert McNamara, cuyas mentiras sobre el progreso de la guerra costaron la vida a miles de estadounidenses y vietnamitas, alcanzó los US$40.625 en una subasta hace unos años). El presidente George W. Bush otorgó Medallas de la Libertad a su equipo de guerra en Irak, incluyendo al jefe de la CIA George “Slam Dunk” Tenet, al virrey de Irak Paul Bremer, y al embajador Ryan Crocker, a quien Bush llamó el Lawrence de Arabia de EE.UU.. Algunos de los más grandes fabulistas de la era moderna – incluyendo a Henry Kissinger y Dick Cheney – también se embolsaron el premio.

Las controversias sobre Assange y Adelson brindan una oportunidad fortuita de actualizar los premios a la libertad. Debido a que pocas cosas son más peligrosas para la democracia que permitir que los políticos encubran crímenes, debería haber una nueva categoría de la Medalla de la Libertad que elogie a las personas que más han hecho para exponer las mentiras oficiales. Este premio en particular podría diferenciarse incluyendo un pequeño silbato de vapor encima de la medalla, que vivifica cómo las filtraciones pueden evitar que un sistema político se sobrecaliente o explote.

Assange se merecería tal medalla, al igual que Thomas Drake y Edward Snowden (que revelaron los abusos de la NSA), John Kiriakou (que reveló la tortura de la CIA) y Daniel Ellsberg (que filtró los documentos del Pentágono). Ciertamente, podría no haber forma de impedir que los presidentes otorguen premios de libertad con silbato de vapor a las esposas de los donantes políticos.

Organizaciones como Wikileaks están entre las mejores esperanzas para rescatar la democracia del Leviatán. A menos que presumamos que los políticos tienen el derecho divino de engañar a los gobernados, Estados Unidos debe honrar a las personas que exponen los crímenes federales. Los denunciantes deben ser especialmente bienvenidos por cualquiera que se enoje por las mentiras de Trump.

Fuente: Julian Assange deserves a Medal of Freedom, not a secret indictment

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