Recordando el Golfo de Tonkin y las consecuencias de querer creer

“Aviones estadounidenses atacan Vietnam del Norte después del segundo ataque a nuestros destructores; acciones tomadas para detener nuevas agresiones”, fue el titular de The Washington Post hace 53 años, el 5 de agosto de 1964.

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La primera página de The New York Times de ese día informó: “El presidente Johnson ha ordenado medidas de represalia contra las cañoneras y ‘algunas instalaciones de apoyo en Vietnam del Norte’ después de nuevos ataques contra destructores estadounidenses en el Golfo de Tonkin”.

Por supuesto, como reconocen ahora los historiadores, no hubo “segundo ataque” por parte de Vietnam del Norte, ni “nuevos ataques contra destructores estadounidenses”.

Sin embargo, como lo ha descrito el activista, autor y socio de FAIR, Norman Solomon, incluso en la película “War Made Easy“, los periodistas estadounidenses reportaron esas declaraciones oficiales como verdades absolutas, ignorando evidencias opuestas y abriendo las compuertas para la sangrienta Guerra de Vietnam y las muertes de más de 50.000 estadounidenses y millones de asiáticos del sudeste.

La historia oficial era que los barcos torpederos del norte vietnamita lanzaron un “ataque no provocado” contra el destructor Maddox de EE.UU., que estaba en una “patrulla rutinaria” en el Golfo de Tonkin el 2 de agosto, y que los barcos de entrenamiento del norte vietnamita continuaron con un “ataque deliberado” dos días después, disparando 22 torpedos contra el Maddox y otro destructor, Turner Joy.

El presidente Johnson estaba en la televisión esa noche, diciendo a los estadounidenses que “la agresión terrorista contra los aldeanos pacíficos de Vietnam del Sur ahora se ha unido a la agresión abierta en alta mar contra los Estados Unidos de América”, ordenando represalias aéreas, representando una escalada en la guerra y pidiendo la aprobación inmediata de la resolución del Golfo de Tonkín, en la que decía: “El Congreso aprueba y apoya la determinación del Presidente, como comandante en jefe, de tomar todas las medidas necesarias para repeler cualquier ataque armado contra las fuerzas de los Estados Unidos y para evitar más agresiones”.

“Es como la camisa de dormir de la abuela. Cubre todo”, dijo Johnson.

La Cámara de Representantes prescindió de las audiencias y la aprobó en 40 minutos; el Senado tardó dos días, finalmente votando 88 a 2 a adoptar.

Pero la realidad era muy diferente de la historia que Johnson y la prensa dijeron al público.

El Maddox, que disparó primero en la escaramuza anterior, no estaba en patrulla rutinaria; estaba involucrada en maniobras agresivas de recolección de inteligencia, en sintonía con los ataques coordinados contra Vietnam del Norte por parte de la marina sur vietnamita y la fuerza aérea de Laos.

Y en cuanto al segundo ataque reportado, la chispa para los ataques aéreos “en represalias”, simplemente nunca sucedió. Muchos historiadores piensan que el equipo de Maddox confundió los pings de su sonar de su propio timón con los torpedos norvietnamitas; Johnson más tarde “bromeó” que podrían haber estado disparando a las ballenas.

Pero no debería sorprenderle saber que había mucha inteligencia en ese momento sugiriendo que no había ocurrido ningún ataque; fue ignorada y oscurecida intencionalmente por los belicistas del gobierno, pero también por una prensa crédula. ¿Suena familiar?

El discurso nocturno de Johnson fue elogiado por la editorial. El presidente, dijo The New York Times, “se dirigió al pueblo estadounidense anoche con los hechos sombríos”. El LA Times instó a los estadounidenses a “enfrentar el hecho de que los comunistas, por su ataque a los buques estadounidenses en aguas internacionales, han escalado, por ellos mismos, las hostilidades”.

Como relata Tom Wells, autor de “The War Within: America’s Battle Over Vietnam” (‘La Guerra Interior: La batalla de EE.UU. sobre Vietnam’), los medios de comunicación estadounidenses describieron los ataques aéreos que Johnson lanzó en respuesta como meramente “tit for tat” [expresión entendida como ‘tal para cual’ o ‘represalia equivalente’], cuando en realidad reflejaban planes que la administración ya había elaborado para aumentar paulatinamente su evidente presión militar contra el Norte.

La distorsión se debió a la “dependencia casi exclusiva de los funcionarios del gobierno estadounidense como fuentes de información”, y su “renuencia a cuestionar los pronunciamientos oficiales sobre ‘asuntos de seguridad nacional'”.

El Congreso derogó la resolución del Golfo de Tonkin en enero de 1971, pero eso no significó mucho, ya que continuaron financiando la guerra. Y los medios de comunicación de élite, evidentemente, se pusieron a pensar en un estudioso olvido de lo que el columnista Sydney Schanberg llamó -30 años más tarde, en medio de otra guerra- el coro de conveniencia incesante del cuerpo de prensa cuando Lyndon Johnson nos engañó con su fabricación del incidente de Golfo de Tonkin”.

Los estadounidenses, según Schanberg, somos “los más grandes inocentes. Siempre estamos desesperados por creer que esta vez el gobierno nos está diciendo la verdad”.

Es una inocencia, por supuesto, que no podemos permitirnos, y que los periodistas, sobre todo, deben luchar contra el impulso de complacer.

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